Cretinos de élite - Gibran Hernández

2021-01-02 199

Es molesto tener que volver a abordar éste tema pero es ineludible. Ante la avalancha de justificadas burlas y críticas populares y doctas a los privilegiados fanfarrones de siempre, lejos de invitarlos a un examen de conciencia y a rectificar en sus nefastas actitudes racistas, clasistas e ignorantes, la respuesta ha sido una rabiosa reafirmación en sus prejuicios y odio.

 

Siguen sin entender que son ajenos a la realidad de las mayorías, porque muchos ni siquiera viven en el país que pretenden gobernar, han vivido entre algodones y lejos de reconocer sus injustos privilegios, producto del hurto, la corrupción y la explotación de las clases trabajadoras, afirman que todos aquellos que los repudian y critican lo hacen por envidia e ignorancia.

 

Esto tiene su raíz en la cultura de su clase: crecer malcriados sin ningún límite, ni respeto por los demás; de hecho fomentan el rechazo rotundo a la empatía. No lo estoy inventando: lo podemos ver en sus furibundos tuits o en sus ridículas frases "de superación", en sus seminarios de "liderazgo", de "cultura financiera" y en toda la mística que pregonan diariamente en redes.

 

Su ambiente natural es Twitter precisamente porque esas ideas cortas les vienen bien, es el reduccionismo por excelencia, el uso de insultos antes que argumentos, de calificativos antes que sustancia, lo que caracteriza su pensamiento. ¿Cómo se puede transformar la nación, si enfrentamos el sabotaje constante de una élite de cretinos con recursos prácticamente ilimitados a su disposición para difundir su ideología nefasta?

 

Realmente uno quisiera apostar al diálogo, el debate de nivel y al consenso, pero es imposible cuando el interlocutor no está capacitado para reconocer bajo ninguna circunstancia la posibilidad de estar en el error.

 

Tendremos pues que apelar a la unidad de la mayoría que estamos en favor del cambio pacífico, democrático y justo sin precedentes que está marcando un hito histórico en la nación, no porque no se les haya invitado, sino porque no tienen ninguna intención de entender y negociar: su afán es destructivo y criminal, por tanto pienso que incluso el repudio popular sólo seguirá justificando su demencia política y social. 

 

Ignoremos pues a esa minoría, respondamos a la altura de las circunstancias históricas y salgamos adelante, finalmente muchos de ellos ni siquiera viven en nuestro país y ya sólo les quedan sus revistas en decadencia, sus alianzas partidistas impopulares e inmundas, que van a fracasar rotundamente en las urnas una y otra vez.

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